El 27 de agosto concluyó, con un día de antelación respecto a los plazos contractuales, la renovación del sistema de iluminación del Aula Pablo VI, también conocida como “Sala Nervi”. Durante treinta y cuatro días de obras en el periodo estival, las 2.214 luminarias fluorescentes instaladas en la bóveda desde los años setenta fueron sustituidas por una nueva tecnología LED, desarrollada específicamente para este singular espacio.
La intervención, proyectada y dirigida por la Dirección de Infraestructuras y Servicios de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, en colaboración con Zumtobel-Osram, abarcó también los cuatro cuadros eléctricos y sus correspondientes circuitos, además de un nuevo sistema digital de control de la iluminación. El objetivo era actualizar la tecnología sin alterar la concepción lumínica de la bóveda: mantener el efecto de retroiluminación del techo de doble nervadura y aumentar, al mismo tiempo, la eficiencia, la flexibilidad y, no menos importante, el ahorro energético.
Una luz concebida para acoger
Inaugurada el 30 de junio de 1971, el Aula nació de la voluntad de Pablo VI de disponer de un espacio destinado a las audiencias y a los encuentros con los fieles, más adecuado ante la creciente participación. Fue el propio Pontífice quien, en su discurso inaugural, recordó que había animado al proyectista Pier Luigi Nervi a “atreverse” en la realización de la obra.
La arquitectura del Aula nace, de hecho, de una precisa relación entre estructura, visibilidad y escucha. La gran bóveda parabólica conduce la mirada hacia el escenario, donde se encuentra la Resurrección de Pericle Fazzini, realizada entre 1970 y 1975. Dos grandes vidrieras ovaladas policromadas, obra del artista húngaro János Hajnal, completan el sistema de iluminación natural del espacio.
La nueva iluminación se integra en esta arquitectura sin modificar su identidad. La solución adoptada ha mantenido la filosofía del sistema existente: cambia la tecnología, pero permanece el efecto lumínico de la bóveda concebido originalmente para el Aula.
De la fluorescencia al LED
La bóveda se ha dividido en cuatro cuadrantes. Cada uno de ellos comprende 20 o 21 nervaduras, cada una de las cuales alberga 27 luminarias, hasta alcanzar un total de 2.214 unidades.
La sustitución se llevó a cabo una a una, manteniendo la misma longitud de las luminarias existentes y, por tanto, sin modificar la geometría de la bóveda. Las nuevas luminarias utilizan dos módulos LED y una óptica lineal asimétrica equilibrada, configurados según un sistema Master-Slave.
El aumento de la eficiencia es significativo: de aproximadamente 75 lúmenes por vatio de la iluminación anterior se pasa a 154 lúmenes por vatio. En igualdad de condiciones de funcionamiento, la potencia utilizada pasa de unos 266 a 150 kW, con una potencia máxima prevista de 206 kW.
“La innovadora iluminación LED ha reducido sensiblemente el deslumbramiento y ha realzado los perfiles arquitectónicos del Aula. La eficiencia de los dispositivos, junto con el sistema de control digital, ha permitido una reducción significativa del consumo energético, en consonancia con la invitación del Santo Padre al cuidado de la creación”, subraya el ingeniero Salvatore Farina, director de la Dirección de Infraestructuras y Servicios.
Un control digital para cada ocasión
La nueva iluminación se gestiona mediante un sistema “DALI” (Digital Addressable Lighting Interface), un estándar abierto e internacional de comunicación digital que permite controlar por separado los cuatro cuadrantes de la bóveda y configurar diferentes escenarios de iluminación.
Dos dispositivos Litecom gestionan, respectivamente, las parejas de cuadrantes Q1-Q3 y Q2-Q4, mientras que otros dos están configurados como sistema de reserva. El control se realiza mediante un panel de mandos situado en la sala de control y permite adaptar la iluminación a las diferentes configuraciones del Aula: desde las audiencias generales hasta los conciertos, desde los Sínodos hasta las iniciativas dedicadas a los jóvenes y los actos institucionales. Cuando sea necesario, los técnicos podrán asimismo gestionar y ampliar mediante ordenador los escenarios previstos actualmente.
También se ha adaptado la instalación eléctrica. Los cuatro cuadros, cada uno de ellos destinado a un cuadrante de la bóveda, incluyen secciones para la alimentación ordinaria y una sección de continuidad destinada a la iluminación de emergencia, alimentada mediante un UPS (Uninterruptible Power Supply), denominado en español sistema de alimentación ininterrumpida (SAI). Se trata de un dispositivo electrónico que se sitúa entre la red eléctrica y los equipos que deben recibir alimentación para protegerlos frente a cortes del suministro y fluctuaciones de tensión.
Treinta y cuatro días a 18 metros de altura
La complejidad de la intervención no fue únicamente tecnológica. La sustitución de las 2.214 luminarias se llevó a cabo durante el periodo estival, a unos 18 metros de altura, utilizando plataformas elevadoras y adoptando medidas específicas para hacer frente al calor, especialmente intenso durante las jornadas de trabajo. Las tareas se organizaron por cuadrantes, con equipos y medios de elevación trabajando simultáneamente.
Las obras requirieron una atención especial a las condiciones de trabajo, la seguridad y la gestión de los materiales retirados. Los antiguos tubos fluorescentes, que contenían mercurio, fueron clasificados como RAEE R5 y destinados a un circuito de tratamiento diferenciado.
El trabajo de la Dirección
La Dirección de Infraestructuras y Servicios se encargó de la planificación, la dirección de las obras y la gestión de los distintos componentes técnicos de la intervención.
El responsable único del proyecto fue el ingeniero Domenico Sandulli, mientras que la dirección de las obras fue encomendada al ingeniero Luca Di Maggio.
La nueva solución LED fue desarrollada a medida, específicamente para las características del Aula, en colaboración con Zumtobel-Osram y respetando el objetivo prioritario de conciliar las nuevas exigencias técnicas y medioambientales con la conservación del efecto lumínico original de la bóveda.
Una luz más eficiente para una arquitectura única
La intervención forma parte del proceso más amplio de eficiencia energética impulsado por la Gobernación. Desde 2008, el Aula Pablo VI dispone de una gran instalación fotovoltaica, con 2.400 módulos instalados sobre la cubierta, capaz de contribuir a cubrir las necesidades energéticas de la “Sala Nervi” y de los edificios colindantes.
La nueva iluminación añade ahora un nuevo elemento a este proceso: una tecnología más sostenible, moderna y flexible, un control más preciso y una gestión de la luz capaz de acompañar las múltiples funciones de uno de los espacios más reconocibles del Vaticano.
