Peregrino, fundador de la Abadía de Montevergine y de la Congregación benedictina verginiana, estrechamente unida a ese cenobio. Es san Guillermo de Vercelli, o de Montevergine. Nació hacia 1085 en Vercelli, en el seno de una familia noble, y ya a los catorce años emprendió su camino como peregrino por Europa.
La escena nos resulta bien conocida. Dios propone y espera una respuesta: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 26-38).
María se convierte en Madre de Dios y del Salvador antes de ser, al pie de la cruz, Madre de la Iglesia. Esta solemnidad es, ante todo, la fiesta de la Encarnación, pues en María comienza Dios su vida humana, una vida que llevará a ese pequeño embrión hasta la Cruz y la Resurrección, hasta la gloria del Padre.
Tal vez la tomaron por loca, cuando se aferró a las campanas del monasterio para llamar a sus hermanas y a todas las criaturas al amor de Dios. Gritaba: “¡Venid, almas, a amar al Amor!”. Era el 3 de mayo de 1592, cuando Santa María Magdalena de Pazzi, corriendo por los pasillos del monasterio, invitaba a amar a Cristo.
Según la tradición, Catalina fue una joven de origen noble en Alejandría de Egipto, conocida por su belleza y su elevada formación cultural. Hacia el año 305, durante una celebración ciudadana, habría entrado en contacto con el emperador romano (quizá Majencio o, más probablemente, Maximino Daya).
Carlo Gnocchi nació el 25 de octubre de 1902 en San Colombano al Lambro, una pequeña localidad de la provincia de Lodi. Tercer hijo de Enrico, artesano del mármol, y de Clementina, modista, creció en una familia modesta marcada por el sufrimiento temprano: su padre murió cuando él tenía apenas cinco años y, poco después, la tuberculosis se llevó también a sus dos hermanos, Mario y Andrea. Su madre, viuda y sola, se trasladó con el pequeño Carlo a Milán, donde intentó reconstruir un futuro para ambos.
“Solo Dios”, este era el lema de Rafael Arnáiz Barón. Y también, “Del amor de Dios procede todo”. Fue un joven que puso al Señor en el primer lugar e hizo de Él la razón de su breve vida.
«El nuevo Beato vivió así: en la alegría del Evangelio, sin compromisos, amando hasta el final. Encarnó la pobreza del discípulo, que no es sólo desprendimiento de los bienes materiales, sino sobre todo superación de la tentación de poner en el centro el propio yo y buscar la propia gloria». Así se expresó el Papa Francisco, el domingo 4 de septiembre de 2022, en la Plaza de San Pedro, durante la beatificación de Juan Pablo I, nacido Albino Luciani.
De Esteban, reconocido como el primer mártir de la Iglesia, conocemos sobre todo los últimos instantes de su vida, relatados en los Hechos de los Apóstoles. Los datos sobre sus orígenes son inciertos: algunos lo consideran de cultura griega, mientras que otros sostienen que era judío, aunque estrechamente vinculado al ambiente helenístico.
Al día siguiente de la conversión de san Pablo, las Iglesias de Occidente recuerdan con especial atención a dos de sus colaboradores más estrechos: Timoteo y Tito, figuras clave de la misión apostólica y primeros obispos de la Iglesia.
Alejandro, llamado a convertirse en guía de la Iglesia de Alejandría, nació en el año 250 y, en el 313, asumió la responsabilidad del patriarcado en una coyuntura histórica de especial relevancia. El cristianismo salía entonces de la clandestinidad gracias a los decretos imperiales que garantizaban su libertad.
En los Evangelios, María se presenta como una joven de Nazaret, desposada con José, cuya genealogía se detalla minuciosamente para demostrar la descendencia davídica de Jesús. Sin embargo, no se ofrece ninguna referencia directa a la familia de María, probablemente también residente en Nazaret.
Es conocido como “el santo de lo ordinario”, porque enseñaba que incluso los actos más sencillos de la vida cotidiana pueden ser camino de santidad. Se trata de san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Nació el 9 de enero de 1902 en Barbastro, España, y recibió desde niño una profunda formación cristiana.
No se conservan muchas noticias sobre Cástulo o Castolo. En el Martirologio Jeronimiano, Cástulo es conmemorado el 26 de marzo y junto con otro mártir el 12 de enero.
Las informaciones disponibles proceden de la Passio de san Sebastián, según la cual Cástulo, cubiculario —o quizá tesorero— de Diocleciano, escondía a numerosos cristianos en el palacio imperial del Palatino.
Le llamaban “el bueno de Pippo” por su carácter jovial y apacible. Logró implicar en su aventura espiritual a toda la ciudad de Roma, invitando a la caridad hacia los más débiles y marginados de la sociedad. Es Felipe Neri, nacido en Florencia el 21 de julio de 1515, hijo de Francesco y de Lucrezia da Mosciano. Su padre, notario de profesión, enviudó en 1520 y contrajo nuevo matrimonio con Alessandra di Michele Lensi, quien se hizo cargo del pequeño Felipe. Estudió en la escuela pública y recibió formación de los dominicos del convento de San Marcos.
Paolo Girolamo Casanova, conocido como san Leonardo de Porto Maurizio, nació en Porto Maurizio —la actual Imperia— el 20 de diciembre de 1676. Muy joven se trasladó a Roma para completar sus estudios en el Colegio Romano y, fascinado por la vida austera de dos frailes del Retiro de San Buenaventura en el Palatino, decidió ingresar en la Orden de los Frailes Menores a los veintiún años, vistiendo el sayo franciscano en el convento de Santa Maria in Ponticelli.
Es recordado como “el gran pacificador”, símbolo de una época marcada por hondas divisiones civiles, pero también por hombres de Iglesia capaces de tender puentes entre las partes enfrentadas. Es Folco, probablemente perteneciente a una rama modesta de la noble familia Scotti, que en aquel tiempo comenzaba a consolidarse como fuerza dominante en la vida política de Piacenza.
Ya era considerada santa hasta el punto de ser citada por Dante Alighieri en la Divina Comediapoco después de su muerte. Se trata de Zita, a quien el poeta no solo considera ya santa en su tiempo, sino que la identifica con la ciudad de Lucca. En efecto, hace referencia a “¡uno de los ancianos de Santa Zita!” en el canto XXI del Infierno. Los “ancianos” eran diez magistrados que gobernaban Lucca, y Dante sitúa a uno de ellos entre los condenados por el pecado de la corrupción.
Juan, cuyo nombre significa “Dios nos ha comunicado gracia” y definido por Pablo como “una columna de la Iglesia” (Gal 2,9), era originario de Galilea, probablemente cerca del lago de Tiberíades.
Con una audaz novedad para el siglo XVI, Santa Ángela Mérici propuso un modelo inédito de consagración femenina: no en el claustro, sino en el mundo. Para ello, fundó la Compañía de Santa Úrsula, ofreciendo a las mujeres una nueva forma de entrega a Dios. Con gran sensibilidad hacia los signos de los tiempos, centró su visión en el modelo de la Iglesia primitiva, en la vida de los Apóstoles y de las primeras comunidades cristianas, abriendo así el camino a la devotio moderna.
La breve existencia de Gabriel de la Dolorosa, marcada por una alegría contagiosa y por un amor intenso a la Virgen María, dejó una huella profunda: ha permanecido en la historia de la Iglesia como el Santo de la sonrisa, capaz de transformar la fragilidad y el dolor en una esperanza igualmente contagiosa.
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