San Honorato es una figura central en la historia de la Iglesia vercelense, recordado por su profunda espiritualidad, su entrega al servicio eclesial y el vínculo privilegiado que le unió a dos grandes santos: Eusebio y Ambrosio. Originario de la comunidad monástica fundada por San Eusebio en Vercelli, Honorato fue su discípulo y compañero de exilio durante las persecuciones arrianas. Aquel ambiente ascético y formativo le preparó para desempeñar un papel destacado en la vida de la Iglesia.
Se dedicó a la reforma del clero, a la administración gratuita de los sacramentos, al respeto del precepto festivo y a la caridad hacia los enfermos y los sacerdotes ancianos.
Conocido como el “San Pablo de las Indias”, Patrono de las Misiones y gran evangelizador de Asia, Francisco de Jassu y Javier, más conocido como Francisco Javier, fue uno de los primeros y más cercanos seguidores de San Ignacio de Loyola.
A comienzos del siglo V, en el territorio que habría de convertirse en el corazón del futuro París, nació una mujer destinada a ejercer una influencia singular en la vida religiosa y civil de la ciudad. Genoveva creció en un entorno sencillo, pero desde la infancia manifestó una temprana inclinación hacia la vida consagrada. Siendo aún niña fue reconocida como perteneciente a Dios y, al alcanzar la madurez, eligió vivir como virgen consagrada sin retirarse a un monasterio, plenamente integrada en el tejido urbano y social, dedicando su existencia a la oración, la penitencia y el servicio a los necesitados.
No se dispone de información precisa sobre la figura de San Blas de Sebaste.
Lo que sabemos proviene de los Actas de San Blas, escritos en griego. Blas estudió filosofía en su juventud, ejerció como médico en Sebaste, en Armenia, su ciudad natal, y gozaba de gran estima. Cuando el obispo de la ciudad falleció, fue elegido por aclamación popular como su sucesor.
Tomás, llamado también Dídimo —que significa “Mellizo”—, formaba parte del reducido grupo de discípulos escogidos por Jesús desde los albores de su vida pública. Era uno de los Doce Apóstoles, como subraya el evangelista san Juan. Es precisamente este mismo evangelista quien nos lega varios pasajes esclarecedores sobre la personalidad de Tomás.
Se hacía llamar “Juan Pecador”, recogía a los enfermos abandonados, pedía limosna para los pobres y murió ejerciendo la caridad entre los apestados, de quienes contrajo la enfermedad. Es san Juan Grande, nacido en Carmona, Sevilla, España, el 6 de marzo de 1546. Su padre, que era herrero, murió cuando él tenía once años, y su madre, Isabel, volvió a casarse.
Cunegunda nació en el año 978 en Luxemburgo, hija de Sigfrido, primer conde, y de Eduvigis de Nordgau, descendiente de Carlomagno. En 998 contrajo matrimonio con Enrique IV, duque de Baviera, quien más tarde sería elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Enrique II el Santo. A la muerte de Otón III, su esposo fue coronado rey de los francos orientales el 6 de junio de 1002. Cunegunda fue coronada reina el 10 de agosto del mismo año en Paderborn.
Los apóstoles Felipe y Santiago el Menor se conmemoran el mismo día porque sus reliquias fueron depositadas juntas en la Basílica de los Santos Doce Apóstoles, en Roma.
De Santiago, hijo de Alfeo, llamado “el Menor” por ser de menor estatura que el otro Santiago —el hijo de Zebedeo y hermano del evangelista san Juan—, sabemos muy poco. Lo cierto es que fue uno de los primeros discípulos de Jesús.
La tradición sostiene que era pariente de Jesús, quizás aquel primo al que hace referencia el evangelista san Mateo (Mt 13, 55).
San Martín de Porres nació en Lima, Perú, el 9 de diciembre de 1579 y fue bautizado en la iglesia de San Sebastián. Durante los primeros años de su vida vivió con su madre —una antigua esclava de origen africano— y con su hermana Juana en condiciones difíciles, a pesar de haber sido reconocido por su padre. Cuando Martín tenía unos ocho años, su padre, Juan de Porres, noble español, decidió finalmente ocuparse de su educación, llevando a sus hijos con él a Guayaquil, en el actual Ecuador, donde pudieron vivir en mejores condiciones.
Gerardo de Brogne se impuso como una figura carismática, estimada por las grandes familias de Lotaringia y de Flandes. Durante veinticinco años recorrió incansablemente estas tierras, renovando más de una docena de comunidades religiosas.
Fraile dominico, gran asceta y firme impulsor de la Contrarreforma, San Pío V publicó el Catecismo y promulgó el Breviario y el Misal Romano —que desde entonces llevaron su nombre— aplicando fielmente los decretos del Concilio de Trento. Su nombre de nacimiento era Antonio Ghislieri, y fue elegido Papa en 1566.
Félix I, romano de origen e hijo de un tal Constantino, gobernó la Iglesia como obispo de Roma entre los años 269 y 274. Es recordado por haber promovido la celebración de la Eucaristía sobre los lugares donde reposaban las reliquias de los mártires cristianos y por haber defendido con firmeza la fe en la Trinidad y en la Encarnación de Cristo.
Santa Martina, venerada como virgen y mártir, vivió en Roma en el siglo III y pertenecía a una familia patricia. Según la tradición, fue perseguida durante el reinado de Alejandro Severo a causa de su fe cristiana.
La memoria de los primeros mártires de la Iglesia de Roma se celebra inmediatamente después de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Esta conmemoración ha estado siempre vinculada al lugar donde se hallaba el circo construido por el emperador Calígula, más tarde conocido como el Circo de Nerón. Se encontraba en los jardines de Agripina —madre de Calígula—, en la vertiente meridional de la colina vaticana, desde donde partían las vías Aurelia, Cornelia y Triumphalis.
Una existencia al servicio de la juventud pobre y abandonada, con el fin de transmitir la fe y hacer experimentar la caridad cristiana: tal fue la vida de san Leonardo Murialdo, nacido en Turín el 26 de octubre de 1828, en el seno de una familia sencilla.
Una mujer “fuerte” que, movida por el soplo del Espíritu, obedeció la voz del Señor que la llamaba a liberar a su pueblo y a devolver la confianza en Él a los que vivían en la desolación. Laica, consagrada en la virginidad pero fuera de un claustro, Juana de Arco se vio inmersa en los conflictos más dramáticos de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Murió trágicamente, condenada como hereje en un proceso farsa de intención puramente política, cuyo desenlace —la hoguera en la plaza del viejo mercado de Ruan— estaba escrito incluso antes de comenzar.
Los Evangelios presentan a Andrés, hermano de Simón Pedro, como uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que siguieron a Jesús desde el principio (Jn 1, 35-39). Nació en Betsaida, en Galilea, a orillas del lago de Tiberíades. Al igual que su hermano Simón (Pedro), era pescador. En su búsqueda de Dios, había sido discípulo del predicador Juan el Bautista, quien probablemente lo había bautizado. Cuando Juan el Bautista señaló a Jesús como “el Cordero de Dios” (Jn 1, 29-40) junto al río Jordán, Andrés lo siguió de inmediato y no se separó más de Él.
Germán fue nombrado obispo de Capua hacia el año 519, aunque antes de esa fecha su figura permanece envuelta en la penumbra. Las únicas noticias sobre sus orígenes proceden de una fuente hagiográfica del siglo IX, considerada tardía y de escasa fiabilidad. Según esta narración, Germán nació en Capua entre los años 470 y 480, de padres pertenecientes a la alta sociedad, Amanzio y Juliana. Tras la muerte de su padre, decidió —con el consentimiento de su madre— vender los bienes familiares para dedicarse por entero a la vida ascética y al estudio de las Escrituras. A la muerte del obispo Alejandro, la comunidad capuana lo eligió como sucesor, y sólo después de insistentes ruegos aceptó el encargo.
De San Silvestre no poseemos datos históricamente seguros hasta el momento de su elección a la cátedra de Pedro en el año 314, cuando sucedió al Papa Milcíades. Según el Liber Pontificalis, era hijo de un tal Rufino, ciudadano romano. Algunas tradiciones afirman que ya había profesado abiertamente la fe cristiana bajo el emperador Diocleciano, circunstancia que pudo haber favorecido su elección como pastor de la comunidad cristiana de Roma.
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