26 de febrero: San Alejandro, Patriarca de Alejandría
Firme defensor de la fe frente a la herejía
Alejandro, llamado a convertirse en guía de la Iglesia de Alejandría, nació en el año 250 y, en el 313, asumió la responsabilidad del patriarcado en una coyuntura histórica de especial relevancia. El cristianismo salía entonces de la clandestinidad gracias a los decretos imperiales que garantizaban su libertad.
Sin embargo, el nuevo clima de paz no eliminó las tensiones internas. Entre las cuestiones más delicadas figuraba la reintegración de aquellos fieles que, durante las persecuciones, habían renegado de su fe. Alejandro afrontó esta problemática con prudente equilibrio, evitando posturas extremas y buscando un camino de reconciliación entre la firmeza doctrinal y la misericordia pastoral.
El aspecto más significativo de su episcopado fue, no obstante, la defensa de la fe auténtica, puesta en entredicho por una doctrina que se difundía con rapidez. Un presbítero de gran notoriedad, Arrio, sostenía una concepción de la Trinidad que negaba la plena divinidad de Jesucristo. El patriarca Alejandro intentó inicialmente la vía del diálogo y del discernimiento, con la esperanza de reconducir a los arrianos a la unidad eclesial.
Sin embargo, la herejía continuó ganando adhesiones tanto entre el clero como entre los fieles. Ante el agravamiento de la situación, Alejandro convocó una asamblea de obispos procedentes de las regiones cercanas, quienes examinaron detenidamente las tesis en cuestión y las rechazaron oficialmente. Arrio, lejos de acatar la decisión, se trasladó a otras zonas de Oriente, presentándose como víctima de una injusticia y obteniendo el apoyo de influyentes personalidades eclesiásticas, lo que contribuyó a profundizar aún más la fractura. La controversia alcanzó tal magnitud que requirió la intervención directa del emperador, quien intentó sin éxito una mediación. A instancias del propio Alejandro, el emperador Constantino convocó en el año 325 una gran asamblea de toda la Iglesia en Nicea.
A pesar de su avanzada edad y de su frágil estado de salud, el patriarca participó en los trabajos conciliares acompañado por su fiel diácono Atanasio, quien más tarde le sucedería como patriarca. En aquella ocasión, la herejía arriana fue definitivamente condenada y se formuló una profesión de fe que afirmaba con claridad la igualdad sustancial entre el Padre y el Hijo. De regreso a Alejandría, Alejandro se dedicó con incansable celo a la reconstrucción de la unidad eclesial, promoviendo la formación del clero, fortaleciendo la vida comunitaria y esforzándose por sanar las divisiones dejadas por la herejía. Murió, según la tradición, el 26 de febrero del año 328.
