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En los Jardines Vaticanos, el Papa León XIV bendijo un mosaico mariano y una estatua de Santa Rosa de Lima

Una invitación a la santidad

Recordar la grandeza de la vocación a la que Dios llama, es decir, la vocación universal a la santidad, y ser testimonio y ejemplo de esa santidad en el mundo de hoy. Esta es la invitación que el Papa León XIV dirigió a los participantes en la bendición de un mosaico dedicado a la Virgen María y de una estatua de Santa Rosa de Lima, celebrada el sábado por la mañana, 31 de enero, en el paseo Pío XI de los Jardines Vaticanos.

En el acto participaron los Obispos de la Conferencia Episcopal del Perú, que se encuentran estos días en Visita ad Limina Apostolorum. El Presidente, Monseñor Carlos Enrique García Camader, dirigió un breve saludo al Papa. Intervinieron asimismo el Padre Guillermo Inca Pereda, Secretario General adjunto de la Conferencia Episcopal Peruana; un representante de los artesanos que realizaron las obras; y el nuevo Embajador del Perú ante la Santa Sede, Su Excelencia el señor Jorge Fernando Ponce San Román.

Entre los presentes se encontraban el Cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, Arzobispo de Lima y primado del Perú; el Arzobispo Diego Ravelli, maestro de las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice; así como numerosos prelados, religiosas y religiosos peruanos residentes en Roma.

La Gobernación estuvo representado por Sor Raffaella Petrini, Presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y por el Arzobispo Emilio Nappa, Secretario General.

Las dos obras fueron donadas por la Conferencia Episcopal del Perú y realizadas por ocho jóvenes artistas de los Andes peruanos, pertenecientes a la Familia de Artesanos Don Bosco. En particular, el autor del mosaico mariano es Lenin Álvarez, mientras que la estatua fue esculpida por Edwin Morales en travertino blanco de Huancayo. La obra evoca la experiencia mística de la santa, representada mientras contempla al Niño Jesús entre sus brazos, quien le pide que se convierta en su esposa.

El mosaico y la estatua no son solo dos realizaciones artísticas que, desde hoy, embellecen los Jardines Vaticanos, sino también un testimonio del vínculo de afecto y de devoción del pueblo del Perú hacia el Papa, a quien sienten muy cercano.

 

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