En los Jardines Vaticanos fue bendecido un mosaico mariano dedicado a la Virgen de Gietrzwałd
En el 150.º aniversario de las apariciones
Un signo de afecto filial hacia el Papa León XIV y de la oración que el pueblo polaco eleva a la Virgen María por el Sucesor de Pedro, para acompañarlo en su ministerio al servicio de la Iglesia universal.
Este es el significado del nuevo mosaico mariano inaugurado en la mañana del martes 30 de junio en los Jardines Vaticanos. Representa la imagen de la Virgen de Gietrzwałd, localidad situada al noreste de la actual Polonia, de cuyas apariciones se celebrará el próximo año el 150.º aniversario. Se trata de un don de la Conferencia Episcopal Polaca y, en particular, de la Archidiócesis de Warmia.
Tras la introducción del padre Marcin Sawicki, portavoz de la Archidiócesis de Warmia, intervinieron el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado; monseñor Tadeusz Wojda, arzobispo metropolitano de Gdańsk y presidente de la Conferencia Episcopal Polaca; monseñor Józef Górzyński, arzobispo metropolitano de Warmia; sor Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano; Su Excelencia el Honorable Zbigniew Bogucki, jefe de la Cancillería del Presidente de la República de Polonia; y Su Excelencia el señor Adam Kwiatkowski, embajador de la República de Polonia ante la Santa Sede.
La bendición del mosaico estuvo a cargo del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, quien oró con estas palabras, “Padre santo, escucha la oración de tus fieles, que te presentan esta imagen de la bienaventurada Virgen, para que, confortados por su protección, graben en su corazón la imagen que contemplan. Concédeles una fe inquebrantable, una esperanza firme, una caridad diligente y una humildad sincera. Haz que sean fuertes en el dolor, dignos en la pobreza, pacientes en la adversidad, abiertos a compartir en la prosperidad, promotores de la justicia y constructores de la paz, hasta que, al término de su camino, viviendo en el amor a ti y a los hermanos, entren en la ciudad eterna, donde la bienaventurada Virgen intercede por nosotros como Madre y resplandece como Reina”.
En la inauguración estuvo presente también, entre otros, el arzobispo Emilio Nappa, secretario general de la Gobernación.
La imagen original de la Virgen se encuentra en el altar mayor de la Basílica de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María de Gietrzwałd. Representa a la Virgen vestida con una túnica roja y cubierta con un manto azul oscuro, sosteniendo al Niño Jesús con el brazo izquierdo. Sobre María aparecen dos ángeles que sostienen una cinta con la inscripción: Ave Regina Caelorum, ave Domina Angelorum.
La instalación del mosaico ha sido posible gracias a la colaboración de la Embajada de Polonia ante la Santa Sede, del taller “Le Musa” de Castel Gandolfo y de los colaboradores de la Coordinación de Eventos y de la Dirección de Infraestructuras y Servicios de la Gobernación.
A continuación, el discurso de la Presidenta de la Gobernación:
Saludo, en primer lugar, al cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado;
a Monseñor Tadeusz Wojda, arzobispo metropolitano de Gdańsk y presidente de la Conferencia Episcopal Polaca;
y a monseñor Józef Górzyński, arzobispo metropolitano de Warmia, junto con todos los obispos polacos.
Saludo también al Arzobispo Emilio Nappa, Secretario General de la Gobernación;
al Embajador de Polonia ante la Santa Sede, Su Excelencia el señor Adam Mariusz Kwiatkowski;
a Su Excelencia el Honorable Zbigniew Bogucki, jefe de la Cancillería del Presidente de la República de Polonia; y a todos ustedes aquí reunidos.
Nos complace inaugurar hoy un nuevo mosaico mariano en los Jardines Vaticanos. Está dedicado a la Virgen de Gietrzwałd, de cuyas apariciones se celebrará el próximo año el 150.º aniversario.
“Deseo que recéis el Rosario todos los días”. Esta fue la petición formulada por la Virgen María durante la aparición a Justyna Szafryńska y Barbara Samulowska, de trece y doce años de edad, respectivamente, el 27 de junio de 1877, en Gietrzwałd, localidad situada al noreste de la actual Polonia.
La Virgen se apareció diariamente a las dos niñas hasta el 16 de septiembre de 1877, en un período especialmente difícil para la región de Warmia-Masuria. Aquel territorio se encontraba entonces bajo dominio prusiano, cuyas autoridades habían demostrado una particular hostilidad hacia una población profundamente católica.
Desde 1873 también se había prohibido el uso de la lengua polaca en las escuelas y, como consecuencia de las leyes anticlericales, fueron suprimidas las congregaciones religiosas, con excepción de aquellas dedicadas a la atención de los enfermos.
Es precisamente en este contexto histórico tan adverso donde se sitúa la intervención de la Virgen María, quien no solo consoló a los fieles asegurándoles el fin de las persecuciones contra la Iglesia, si perseveraban en la oración, sino que también los exhortó a rezar el Rosario con fervor.
Mientras nos encontramos aquí, en los Jardines Vaticanos, no podemos dejar de recordar que numerosos Papas, a lo largo de la historia, han recomendado la oración del Rosario.
San Juan Pablo II, que dedicó al Rosario una Carta Apostólica en la que introdujo los Misterios de la Luz, afirmaba que esta oración había ocupado un lugar fundamental en su vida espiritual, acompañándolo tanto en los momentos de alegría como en los de prueba[1]. La definía como su «oración predilecta», «maravillosa en su sencillez y en su profundidad», y confesaba que había confiado a ella tantas de sus preocupaciones, encontrando siempre consuelo.
Si el Papa Benedicto XVI consideraba el Rosario una “escuela de contemplación y de silencio”, un “precioso medio espiritual para crecer en la intimidad con Jesús» y para aprender de María «a cumplir siempre la voluntad divina”[2], el Papa Francisco subrayaba que esta oración “no nos aleja de las preocupaciones de la vida” sino que, por el contrario, “nos pide encarnarnos en la historia cotidiana para saber descubrir los signos de la presencia de Cristo en medio de nosotros”[3].
El Papa León XIV, elegido para la Cátedra de Pedro el 8 de mayo de 2025, día de la Súplica a la Virgen de Pompeya, encomendó a la Virgen su nueva misión, recomendando el rezo del Rosario por la comunión en la Iglesia y por la paz en el mundo, para pedir a María, “la primera de los discípulos”, “el don de un corazón que sabe escuchar” y el don “de la compasión hacia todo hermano y hermana que sufre y hacia todas las criaturas”[4].
Del mismo modo que María aseguró a los fieles en Gietrzwałd que, mediante el rezo del Rosario, obtendrían las gracias necesarias, también nosotros acogemos hoy su invitación, junto con la del Papa León XIV y la de sus Predecesores. Que todo aquel que contemple esta imagen se sienta llamado a seguir la invitación de María a una vida de oración más intensa, para aprender a contemplar la belleza del rostro de Cristo y experimentar la profundidad de su amor[5].
Por ello, expresamos nuestra gratitud por el don ofrecido por la Conferencia Episcopal Polaca y, de manera particular, por la Archidiócesis de Warmia. Este mosaico quiere ser un signo de afecto filial hacia el Santo Padre y un testimonio de la oración que el pueblo polaco eleva a la Virgen María por el Sucesor de Pedro, para acompañarlo en su ministerio al servicio de la Iglesia universal.
Renuevo mi agradecimiento a todos ustedes aquí presentes y a cuantos han colaborado en la realización de esta iniciativa, en particular a la Embajada de Polonia ante la Santa Sede, al taller “Le Musa” de Castel Gandolfo y a los colaboradores de la Coordinación de Eventos y de la Dirección de Infraestructuras y Servicios de la Gobernación.
[1] JUAN PABLO II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 2.
[2] BENEDICTO XVI, Rezo del Santo Rosario con ocasión de la Visita Pastoral al Santuario Pontificio de Pompeya, 19 de octubre de 2008.
[3] FRANCISCO, Vigilia mariana con ocasión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, 8 de octubre de 2016.
[4] LEÓN XIV, Vigilia de oración y rezo del Rosario por la paz, 11 de octubre de 2025.
[5] Cf. JUAN PABLO II, op. cit., 1.
