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19 de marzo: Solemnidad de San José, Patrono de la Iglesia Universal y del Estado de la Ciudad del Vaticano

Un hombre frágil, valiente y fuerte en la fe

«Queridos hermanos y hermanas, consagramos también el Estado de la Ciudad del Vaticano a San José, custodio de Jesús, custodio de la Sagrada Familia. Que su presencia nos haga aún más fuertes y valientes para abrir espacio a Dios en nuestra vida, para vencer siempre el mal con el bien. A él le pedimos que nos custodie, que cuide de nosotros, para que la vida de la Gracia crezca cada día más en cada uno de nosotros».

Así lo expresó el Papa Francisco el 5 de julio de 2013, en los Jardines Vaticanos, durante la bendición de la nueva estatua de San Miguel Arcángel. En aquella ocasión, el Pontífice proclamó a San José Patrono del Estado de la Ciudad del Vaticano junto con San Miguel Arcángel.

El Papa León XIV, en el Ángelus del domingo 21 de diciembre de 2025, IV de Adviento, recordando que la Liturgia invita ese día a meditar sobre la figura de San José, subrayó cómo el Patrono de la Iglesia Universal es presentado, en particular, «en el momento en que Dios le revela, en sueños, su misión (cf. Mt 1,18-24). Se nos ofrece así una página muy bella de la historia de la salvación, cuyo protagonista es un hombre frágil y falible, como nosotros, y al mismo tiempo valiente y fuerte en la fe».

El Pontífice hizo notar que el evangelista Mateo lo llama «hombre justo» (cf. Mt 1,19), lo que «lo caracteriza como un israelita piadoso, que observa la Ley y frecuenta la sinagoga. Pero, además, José de Nazaret se nos presenta también como una persona profundamente sensible y humana».

En efecto, incluso antes de que el Ángel «le revele el misterio que se está cumpliendo en María, ante una situación difícil de comprender y aceptar, no elige, respecto a su futura esposa, el camino del escándalo y de la condena pública, sino el discreto y benevolente del repudio en secreto (cf. Mt 1,19). Y así demuestra captar el sentido más profundo de su propia observancia religiosa: el de la misericordia».

Por otra parte, «la pureza y la nobleza de sus sentimientos se hacen aún más evidentes cuando el Señor, en sueños, le revela su plan de salvación, indicándole el papel inesperado que deberá asumir en él: ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías».

El Papa León XIV concluía: «Piedad y caridad, misericordia y abandono: estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la Liturgia nos propone hoy».

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