En las Villas Pontificias de Castel Gandolfo se inaugura la exposición dedicada a El Greco
Dos obras maestras en diálogo
«Se trata de obras del gran maestro cretense El Greco, artista anticonvencional, irregular y precursor que, desde su Candía natal, donde se formó como pintor de iconos en el marco de la tradición bizantina, se trasladó primero a Venecia, donde asimiló la luz y el color de la pintura de Tiziano y de Tintoretto, y posteriormente a Roma, donde fue llamado a confrontarse con los grandes maestros Rafael y Miguel Ángel, a quienes, sin embargo, le costaba apreciar».
Así lo afirmó Sor Raffaella Petrini, Presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, durante la inauguración de la exposición «El Greco en el espejo: dos pinturas en diálogo».
En la ceremonia, celebrada el sábado por la tarde, 14 de marzo, en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, intervinieron la doctora Barbara Jatta, Directora de los Museos y de los Bienes Culturales; el doctor Andrea Tamburelli, Director de las Villas Pontificias; el profesor Leone De Castris, Delegado para el ámbito artístico de la Universidad de Estudios Suor Orsola Benincasa de Nápoles, en representación del profesor Lucio d’Alessandro, Rector de la misma Universidad; Fabrizio Biferali, Conservador del Departamento de Arte de los siglos XV-XVI de los Museos Vaticanos; y Alessandra Zarelli, del Laboratorio de Restauración de Pinturas y Materiales Lígneos de los Museos Vaticanos.
Estuvo presente asimismo el abogado Giuseppe Puglisi-Alibrandi, Secretario General de la Gobernación. A continuación tuvo lugar el concierto titulado «El dolor y la oración», con la interpretación del Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, a cargo de la Orquesta delle Cento Città y del Coro Eos, bajo la dirección de Mirco Roverelli.
La exposición propone poner en diálogo dos obras maestras del artista de Candía. Por una parte, una pintura inédita, El Redentor (45 × 29 cm), conservada en la Sala de los Embajadores del Apartamento Pontificio de Audiencias del Palacio Apostólico; por otra, una pequeña témpera sobre tabla (28 × 20 cm) que representa a San Francisco, cedida en préstamo por la Fundación A. y M. A. Pagliara de la Universidad de Estudios Suor Orsola Benincasa de Nápoles.
La muestra ha sido comisariada por Fabrizio Biferali, responsable del Departamento de Arte de los siglos XV-XVI de los Museos Vaticanos.
El Redentor fue atribuido ya en 1970 a El Greco en el catálogo Dominico Greco de José Camón Aznar y pertenecía a la colección del intelectual y político católico José Sánchez de Muniáin, en Madrid, quien lo habría donado el 5 de junio de 1967 a Pablo VI. La pequeña témpera sobre tabla expuesta, firmada con letras griegas mayúsculas DOMÉNIKOS THEOTOKÓPOULOS EPOÍEI, combina la tradición bizantina con las novedades del Renacimiento italiano maduro.
A continuación, el discurso de la Presidenta de la Gobernación:
Saludo al Secretario General de la Gobernación, abogado Giuseppe Puglisi-Alibrandi;
a la doctora Barbara Jatta, Directora de los Museos Vaticanos, junto con sus Subdirectores;
al doctor Andrea Tamburelli, Director de las Villas Pontificias;
a los Comisarios de la exposición, el doctor Fabrizio Biferali, y la restauradora Alessandra Zarelli;
y a todos ustedes aquí presentes: gracias por su presencia.
A menos de dos años de la primera exposición organizada en esta sala del Polo Museístico de Castel Gandolfo, dedicada al Redentor de Correggio, perteneciente a las colecciones de la Pinacoteca Vaticana, hemos llegado ya a la sexta edición de esta serie de iniciativas que buscan poner en valor y profundizar en el conocimiento de obras que, por diversos motivos, deseamos presentar al público de este Polo Museístico, compartiendo su belleza y su singularidad.
A la luz de la experiencia vivida hasta hoy, creo poder afirmar que nos sentimos plenamente satisfechos del objetivo alcanzado. Las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, en efecto, se están convirtiendo cada vez más en un punto de referencia cultural, tanto para las comunidades del territorio como para los peregrinos y visitantes que llegan aquí desde distintas partes del mundo.
La exposición que hoy se inaugura presenta dos obras, dos únicas tablas de dimensiones incluso relativamente reducidas, que, sin embargo, tienen mucho que contar.
Se trata de obras del gran maestro cretense El Greco, artista anticonvencional, irregular y precursor que, desde su Candía natal, donde se formó como pintor de iconos en la estela de la tradición bizantina, se trasladó primero a Venecia, donde asimiló la luz y el color de la pintura de Tiziano y de Tintoretto, y posteriormente a Roma, donde fue llamado a confrontarse con los grandes maestros Rafael y Miguel Ángel, a quienes, sin embargo, le costaba apreciar.
La última etapa de su experiencia artística fue la Toledo de la Contrarreforma, donde se afirmó como intérprete original de una espiritualidad religiosa más intensa y de una nueva sensibilidad mística, muy distante de la concepción renacentista del dibujo y de la imitación de lo antiguo y de la naturaleza, y orientada, en cambio, a exaltar el movimiento y el impulso vertical de las figuras representadas. Una impronta estilística bien definida e inmediatamente reconocible, que determinó su redescubrimiento y su éxito en el Romanticismo del siglo XIX y entre las vanguardias del siglo XX.
Deseo agradecer aquí, de manera especial, aunque a última hora no ha podido estar presente, al profesor Lucio D’Alessandro, Presidente de la Fundación Pagliara y Rector de la Universidad Suor Orsola Benincasa de Nápoles, por la generosidad con la que ha puesto a disposición una de las dos obras expuestas: el San Francisco que recibe los estigmas, preciosa tablilla firmada por el artista y atribuible a su período romano. Con nosotros se encuentra, en cambio, el profesor Leone De Castris, Delegado para el ámbito artístico de la Universidad, a quien agradezco igualmente su disponibilidad. De este modo, la exposición nos ofrece también la ocasión de recordar el VIII centenario de la muerte del Santo de Asís, particularmente querido para mí, que se conmemora precisamente a lo largo del presente año.
La otra obra expuesta, El Redentor, es una pintura en muchos aspectos misteriosa, cuyo reciente proceso de restauración ha revelado una historia compleja y articulada, que incluye diversas capas pictóricas correspondientes a distintos sujetos que, con el paso del tiempo, terminaron superponiéndose. De ello se derivan interesantes informaciones sobre los modos de trabajo del taller del artista. La obra puede situarse en la década de 1590, cuando El Greco se encontraba ya en España.
El cuadro, con el que deseamos celebrar las próximas festividades de la Pascua de Resurrección, es, además, una obra que, al encontrarse históricamente expuesta en el Apartamento Pontificio de Representación, dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano, es conocida y accesible solo para un número muy reducido de personas.
Deseo, por tanto, que la celebración de este evento continúe de manera fructífera, agradeciendo nuevamente a todos los colaboradores de las Direcciones de la Gobernación implicadas —la Dirección de los Museos y de los Bienes Culturales y la Dirección de las Villas Pontificias— que, trabajando en una eficaz sinergia, con ese estilo de colaboración y ese trabajo en equipo que tratamos de cultivar y promover juntos, han hecho posible la realización de esta exposición.
Muchas gracias.
