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Celebrada la Vía Crucis en los Jardines Vaticanos

Escuchar la voz del Señor

Juntos a través de los Jardines Vaticanos para revivir la dolorosa Pasión de Cristo. Como es tradición, también este año, la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano ha promovido el piadoso ejercicio del Vía Crucis.

Se celebró en la mañana del martes 24 de marzo y fue presidida por el arzobispo Emilio Nappa, Secretario General. Participó la comunidad laboral de la Gobernación, porque «el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para prestar oído a la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección», como subraya el Papa León XIV en el Mensaje para la Cuaresma 2026.

El Vía Crucis partió de la explanada de la Gobernación para llegar a la Gruta de Lourdes, a través de un recorrido inmerso en la naturaleza. Las estaciones fueron animadas por todas las Direcciones y Oficinas Centrales, guiadas por el respectivo capellán. Como de costumbre, la Coordinación de Eventos organizó el programa.

Al término de las catorce estaciones, Sor Raffaella Petrini, Presidenta de la Gobernación, ofreció una breve reflexión y el Arzobispo Emilio Nappa, Secretario General, impartió la bendición a los presentes.

Participaron, entre otros, el Arzobispo Luis Marín de San Martín, Limosnero de Su Santidad, el abogado Giuseppe Puglisi-Alibrandi, Secretario General, los Directores, los Subdirectores y los Jefes de Oficina, así como los capellanes de las distintas Direcciones y Oficinas Centrales.

 

A continuación, la reflexión de la Presidenta:

 

Queridos hermanos y hermanas,

Gracias por haber querido participar juntos, también este año, en el Vía Crucis organizado por la Gobernación.

El Papa León XIV, en su Mensaje para la Cuaresma 2026, ha invitado a considerar este tiempo fuerte del Año litúrgico como una ocasión propicia «para prestar oído a la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección».

Nos ha indicado algunos modos concretos para liberar nuestro espíritu de todos los pesos —interiores y exteriores— que a menudo lo fatigan. Entre ellos, dice el Papa, la abstención de las palabras que «golpean y hieren a nuestro prójimo». En particular, ha pedido «desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras cortantes, al juicio inmediato, a hablar mal de quien está ausente y no puede defenderse, a las calumnias». Ha invitado a esforzarse por medir las palabras y cultivar la amabilidad, de manera honesta, en todo lugar y en cualquier situación. Así, «muchas palabras de odio dejarán paso a palabras de esperanza y de paz», afirma el Papa León.

En un momento histórico tan turbulento a nivel internacional, caracterizado por guerras, violencias y destrucciones, nuestra celebración comunitaria del Vía Crucis nos ofrece una oportunidad propicia para rezar juntos por la paz, por la concordia entre las personas y las naciones, para instaurar un diálogo constructivo que sustituya la lógica de las armas y del conflicto.

El Vía Crucis es también una ocasión para reflexionar sobre el sentido del sufrimiento, que todos, sin excepción, experimentamos en nuestra vida. Con su Cruz, Jesús ha salvado a la humanidad perdida, pagando un precio altísimo: su propia Sangre. Ha mostrado así que ha entregado su vida por aquellos a quienes ama. Por ello, comparte nuestras dificultades y se hace nuestro compañero de camino, también en los momentos más difíciles. Conoce bien cuánto pesan nuestros sufrimientos personales, porque llevó la suya y nuestras cruces sobre sus hombros. ¡Debemos recordarlo cuando dudamos, aunque sea por un instante, de su amor por nosotros!

Esta profunda conciencia puede ayudarnos a redescubrir la solidaridad con todos aquellos que el Señor pone en nuestro camino. A este respecto, sigamos el ejemplo de Simón de Cirene: no es necesario hacer grandes cosas ni ir lejos. Basta abrir los ojos del corazón y descubrir en cada hermano y hermana a Jesús, para ayudarles a llevar la cruz. En efecto, todos podemos ofrecer, allí donde transcurre nuestra jornada, tanto aquí, dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano, como fuera, algo a los demás, aunque sea solo una sonrisa, una palabra amable, un gesto de amistad, una pequeña ayuda. Cada vez que sostenemos a los demás, incluso de un modo sencillo y concreto, ayudamos a Jesús, como hizo el Cireneo. Intentemos hacerlo juntos en los días que aún nos separan del Domingo de Resurrección.

Con esta invitación compartida, deseo augurar a todos los aquí presentes y a sus familias, también en nombre de los Secretarios Generales, un Santo Triduo y una serena celebración de la Pascua.

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