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  • 2 de junio: San Erasmo, obispo

    Mártir de Cristo

    Las noticias sobre la vida de san Erasmo son escasas y proceden principalmente de una Passio del siglo VI. Se desconoce la fecha de su nacimiento. La tradición lo presenta como obispo de Antioquía. Cuando estallaron las persecuciones contra los cristianos, permaneció oculto durante siete años en una cueva. Descubierto y arrestado por negarse a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, fue encarcelado.

  • 2 de mayo: San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia

    El defensor del Credo niceno-constantinopolitano

    Un obispo solo contra todos, incluso contra el emperador, en defensa del Credo niceno-constantinopolitano, sin temer al exilio, a la marginación ni a la persecución. Así fue san Atanasio, firme defensor de la ortodoxia de la fe frente a la herejía arriana.

    Nacido hacia el año 298 en las cercanías de Alejandría, Egipto, se formó en literatura griega y en filosofía. Muy joven entró al servicio de la Iglesia, donde ejerció durante seis años el ministerio de lector. Ordenado diácono, el patriarca Alejandro lo nombró su secretario personal.

  • 2 de noviembre: Conmemoración de los Fieles Difuntos

    Memoria y oración

    Los últimos días de octubre y los primeros de noviembre han sido desde antiguo considerados un tiempo especial para conmemorar a los difuntos. Una de las antiguas creencias que explican esta elección sostiene que el Diluvio Universal —según la tradición— habría tenido lugar precisamente en este período del año, quedando así simbólicamente asociado a la muerte y al recuerdo.

  • 2 de octubre: Santos Ángeles Custodios

    Mensajeros al servicio de Dios

    En la Biblia, la presencia de los ángeles es constante y recorre toda la historia de la salvación. Muchos episodios se refieren a su acción y a su papel como instrumentos y mensajeros de Dios. Baste recordar, en el Antiguo Testamento, la lucha de Jacob con el ángel, de quien recibe el nombre de Israel (Gn 32,25-29), y la escalera, soñada por él, que desde la tierra tocaba el Cielo y era bajada y subida por multitud de ángeles (Gn 28,12). Pero también el ángel que sale al encuentro de la esclava Agar y le anuncia el nacimiento de Ismael (Gn 16,7ss); o el ángel que precede al pueblo de Israel en su peregrinación por el desierto (Ex 14,19). Y de nuevo los dos ángeles que sacan a Lot y su familia de Sodoma (Gn 19, 1ss), o la intervención del ángel que detiene la mano de Abraham a punto de sacrificar a su hijo Isaac (Gn 22, 11-13). O también Daniel, que fue salvado de las llamas del horno por un ángel (Dan 3, 49), o el ángel que trae alimento al profeta Elías en el desierto (1 Re 19, 5-10).

  • 2 marzo: Santa Inés de Bohemia

    La princesa que eligió la pobreza

    Inés de Bohemia nació en Praga en 1211, hija del rey Přemysl Otakar I y de la reina Constanza de Hungría. Su hermano ascendió al trono de Bohemia con el nombre de Wenceslao I.

    A los tres años, para recibir una educación acorde con su rango, fue confiada al monasterio cisterciense de Třebnice, donde vivía su tía, santa Eduvigis. Fue ella quien la introdujo en el conocimiento de Cristo y en la vida de oración.

  • 20 de abril: Santa Inés de Montepulciano

    Al servicio de la paz en nombre de Cristo

    La fuente biográfica más fiable sobre santa Inés Segni es la Legenda, escrita en 1366 por el dominico beato Raimundo de Capua, quien vivió durante cuatro años en Montepulciano como rector del monasterio fundado por la Santa. Pudo recoger los testimonios de algunas religiosas y de muchas personas que la habían conocido. Consultó también los documentos del archivo del monasterio.

  • 20 de diciembre: San Domingo de Silos, abad

    Renovador de la vida cenobítica

    San Domingo Manso, llamado de Silos por su prolongada permanencia en el monasterio que acabaría llevando su nombre, nació en torno al año mil en la pequeña localidad riojana de Cañas, en España. Su infancia transcurrió entre pastos y rebaños, pero mientras vigilaba las ovejas de su familia comenzó a germinar en él una profunda atracción por la vida sagrada. Fue acogido por el sacerdote del lugar, quien lo tomó bajo su tutela y fue modelando pacientemente su formación. Al cumplir veintiséis años, el obispo de Nájera lo ordenó presbítero.

  • 20 de enero: San Sebastián, mártir

    No temáis a quienes pueden matar el cuerpo, pero no el alma

    No disponemos de mucha información sobre la vida de San Sebastián. En la Passio Sancti Sebastiani Martyris, texto atribuido durante mucho tiempo a San Ambrosio de Milán (340-397), se afirma que, hacia el año 250, nació y creció en Milán, hijo de un padre originario de Narbona y de madre milanesa. Educado en la fe cristiana, se trasladó a Roma en el año 270 y se alistó en el ejército alrededor del 283, llegando a ser tribuno de la primera cohorte de la guardia imperial. Al no sospechar de su fe, los emperadores Maximiano y Diocleciano le confiaron importantes responsabilidades.

  • 20 de febrero: Santa Jacinta Marto

    Un corazón generoso ofrecido a Dios

    Jacinta Marto nació el 11 de marzo de 1910 en Aljustrel, Portugal, y desde muy pequeña manifestó un carácter afectuoso y abierto. Poseía, además, una sensibilidad particularmente aguda, que la llevaba a contemplar la belleza de la naturaleza y a interesarse vivamente por el sufrimiento de los pobres y de los enfermos. De modo especial, sentía un profundo afecto por su prima Lucía dos Santos.

  • 20 de julio: San Apolinar, Obispo y mártir

    Incansable misionero del Evangelio

    San Apolinar, considerado el primer obispo de Rávena, vivió hacia mediados del siglo II. Antiguas inscripciones halladas en la zona de Classe atestiguan la existencia, ya en tiempos muy remotos, de una comunidad cristiana bien estructurada en la ciudad.

  • 20 de junio: San Juan de Matera, abad

    Un ermitaño fundador de una Congregación benedictina

    Figura central del monacato del sur de Italia, fundador de una Congregación benedictina y de una abadía, san Juan de Matera nació en Matera hacia el año 1070, en el seno de una familia cristiana rica y noble.

  • 20 de marzo: San Juan Nepomuceno, mártir

    Símbolo de fidelidad a la verdad y a la libertad de la Iglesia

    San Juan Nepomuceno nació en 1330 (o en 1345, según las fuentes) en Nepomuk, una localidad situada en la actual República Checa. Desde joven se distinguió por su inteligencia y, en 1387, se doctoró en Derecho Canónico en la Universidad de Padua. Nunca buscó la carrera eclesiástica por ambición personal, sino que abrazó su vocación con humildad. Desempeñó diversos cargos, entre ellos párroco y canónigo de la catedral de San Vito de Praga, sin obtener nunca provecho económico alguno.

  • 20 de mayo: San Bernardino de Siena

    El Apóstol del Nombre de Jesús 

    Recorrió la Italia de su tiempo predicando e invitando a la conversión, a la reconciliación y al regreso a Dios. Fue un apóstol de la devoción al Nombre de Jesús, que condensó en el trigrama “IHS”, inscrito en el interior de un sol con doce rayos. Es Bernardino de Siena, fraile menor de la Observancia, quien procuró, en primer lugar, reconducir a sus conciudadanos a la amistad con Dios, y después, a las multitudes que acudían a escuchar sus sermones en toda la Península.

  • 20 de noviembre: San Edmundo, rey y mártir

    Modelo de soberano justo y fiel

    San Edmundo ocupa un lugar singular en la memoria cristiana como figura de soberano valeroso y testigo inquebrantable de su fe. Su historia se sitúa en el siglo IX, cuando, siendo muy joven, asumió el gobierno de la Anglia Oriental, una región inglesa sacudida por las tensiones y violencias provocadas por las incursiones nórdicas.

  • 20 de octubre: Santa María Bertilla Boscardin

    Una luz escondida

    Lo que impresiona en ella no es la excepcionalidad de sus obras, sino su capacidad de transformar lo ordinario en ofrenda. Santa María Bertilla Boscardin, cuyo nombre de bautismo era Ana Francisca, fue una mujer sencilla, por momentos impulsiva, pero dotada de una profunda determinación y de una gran capacidad de dominio interior. A menudo víctima de celos y malentendidos, nunca se dejó abatir: su propósito —«quiero hacerme santa y llevar a Jesús muchas almas»— se convirtió en su programa de vida.

  • 21 de abril: San Anselmo de Aosta, Doctor de la Iglesia

    Padre de la Escolástica

    Monje benedictino, posteriormente abad y arzobispo de Canterbury, insigne teólogo, hasta el punto de ser proclamado Doctor de la Iglesia. Se trata de san Anselmo de Aosta, cuya obra más célebre es el Proslogion (Coloquio), conocida por el argumento ontológico sobre la existencia de Dios. Nacido en Aosta hacia el año 1033, fue educado humana y religiosamente por su madre, quien posteriormente lo confió para su formación a los benedictinos de un priorato de Aosta.

  • 21 de agosto: memoria litúrgica de San Pío X

    El Papa del Catecismo y de la Primera Comunión a los niños

    «Nacido pobre, vivido pobre y seguro de morir pobrísimo». Así escribía San Pío X, nacido Giuseppe Melchiorre Sarto, en su Testamento. Un Papa de origen humilde, que llegó a la Cátedra de Pedro tras haber recorrido todas las etapas de su carrera eclesiástica: capellán, párroco, obispo, cardenal, patriarca.

  • 21 de diciembre: San Pedro Canisio

    Promotor de la Reforma de la Iglesia

    El 8 de mayo de 1521 nacía, en la villa neerlandesa de Nimega —entonces parte del ducado imperial de Güeldres y, por tanto, del Sacro Imperio Romano Germánico— quien habría de convertirse en una de las figuras decisivas de la Reforma católica.

  • 21 de enero: Santa Inés, mártir

    Como un cordero sacrificado por Cristo

    Una joven romana de trece años no dudó en sacrificar su vida para dar testimonio de su fe en Cristo. San Ambrosio, obispo de Milán, dijo de ella que era capaz de dar a Cristo un doble testimonio: el de su castidad y el de su fe (De Virginitate. II. 5-9). El Papa Dámaso escribió un epitafio en su honor.

  • 21 de febrero: San Pedro Damián, Doctor de la Iglesia

    Un monje al servicio de la Iglesia

    San Pedro Damián es uno de los escritores más destacados del siglo XI y uno de los mayores impulsores de la reforma pregregoriana, colaborando estrechamente con varios pontífices en la lucha contra los males que aquejaban a la Iglesia de su tiempo. En particular, combatió la simonía —la compraventa de cargos y dignidades eclesiásticas— y el nicolaísmo, es decir, el rechazo del celibato clerical. Sin adoptar posturas extremas, el santo se puso al servicio de los papas y escribió sobre estas cuestiones en su obra Liber Gratissimus.

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