El huerto del monasterio Mater Ecclesiae se convierte en 100 % ecológico
Historia y prácticas de un cultivo sostenible en los Jardines Vaticanos
En los Jardines Vaticanos, junto al monasterio Mater Ecclesiae, se encuentra un pequeño huerto cuya historia hunde sus raíces en la Edad Media. Fue el Papa Nicolás III Orsini quien, al trasladar la residencia pontificia de Letrán al Vaticano entre 1277 y 1280, quiso crear también un vergel y un auténtico viridarium, rodeado por las nuevas murallas, un espacio productivo que contribuía a abastecer la mesa papal.
Ocho siglos después, aquella vocación no se ha extinguido, se reproduce, casi idéntica, junto al monasterio querido por Juan Pablo II y construido entre 1992 y 1994 para que en el corazón de la Iglesia viviera siempre una comunidad de clausura dedicada a rezar por el Papa. Fueron precisamente las monjas quienes, en un principio, trabajaron directamente aquella tierra, “Cultivar es una oración hecha con las manos”, explicaba a L’Osservatore Romano, el 26 de agosto de 2009, la abadesa benedictina Maria Sofia Cichetti, entonces priora del monasterio. Entre esos mismos bancales, de 2013 a 2022, también Benedicto XVI, ya como Papa emérito, disfrutó paseando durante sus jornadas de oración y estudio.
De esta tierra se ocupa el Servicio de Jardines y Medio Ambiente, encomendado al ingeniero forestal Stefano Giampaolo, responsable del Servicio, dentro de la Dirección de Infraestructuras y Servicios de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, dirigida por el director, ingeniero Salvatore Farina. Quien la cuida día tras día, en cuatro terrazas que suman algo menos de 400 metros cuadrados cultivables, es el experimentado jardinero Gilberto Bianchi, que a lo largo de los años ha conocido a tres Pontífices. Desde hace algún tiempo, cuenta además con la colaboración de un grupo de jóvenes, a quienes transmite gradualmente su valiosa experiencia, para que ese saber hecho de pequeños gestos cotidianos no se pierda, de manera semejante a como, siglos atrás, se transmitía de monasterio en monasterio. Hoy son las religiosas a las que asiste quienes le indican en cada momento lo que necesitan, respetando la estacionalidad y aquello que la tierra ofrece, para evitar desperdiciar la cosecha, las peticiones, rara vez genéricas, hablan el lenguaje de lo cotidiano (cinco tomates, cuatro calabacines), ajustadas al consumo real. El riego, todavía hoy, sigue siendo enteramente manual.
Qué significa, realmente, cultivar de forma “ecológica”
El cambio decisivo se ha producido este año, el cultivo es ya 100 % ecológico, una meta alcanzada tras años de una atención ya muy elevada, cuando los productos estaban destinados a las cocinas pontificias. La orientación es avanzar hacia unos Jardines enteramente ecológicos, en continuidad con la Encíclica Laudato si’. También el abono refleja esta transición, antiguamente se utilizaba estiércol procedente de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo; hoy se emplea únicamente abono granulado certificado, elegido en cada momento en función de la época del año y de la planta que se quiera favorecer. También las plantas jóvenes llegan del exterior ya tratadas conforme a criterios naturales, se trabaja con plantones adquiridos, y no con un semillero propio, para limitar el riesgo de propagación de enfermedades vegetales que podrían comprometer toda la cosecha. No obstante, entre los proyectos que ya se están estudiando figuran un semillero interno y un invernadero para bonsáis.
Productos fitosanitarios, umbral de daño y cuaderno de campo
Las buenas prácticas agronómicas reducen considerablemente el uso de productos fitosanitarios requieren más tiempo, pero el objetivo no es alcanzar la máxima producción, sino obtener resultados compatibles con este método de cultivo. En el cultivo natural, el principio no es eliminar, sino contener. Así lo demuestra la gestión de parásitos como los nematodos, que se mantienen por debajo del denominado umbral de daño, a partir del cual una infestación comienza a ocasionar problemas reales. Cada intervención queda registrada en un cuaderno de campo, tal como establece la normativa para los tratamientos sujetos a la obligación de disponer del correspondiente carné de aplicador, mientras que las sustancias naturales no requieren registro. De hecho, un producto fitosanitario puede estar autorizado en agricultura ecológica: el uso de este término no entra, por tanto, en contradicción con este tipo de cultivo. La fertilidad del suelo también se gestiona mediante técnicas específicas la rotación de cultivos, con leguminosas como las judías verdes, que fijan naturalmente el nitrógeno, y, este año, un fertilizante a base de algas marinas que se está experimentando en los tomates.
Un año de cultivos, estación tras estación
El calendario sigue fielmente el ritmo de las estaciones: ajo fresco, albahaca, plantones, guindillas (entre ellas, una variedad peruana especialmente intensa), cítricos y calabazas, que maduran hasta noviembre. Este año también se han plantado los primeros kiwis, a petición de las religiosas, mientras que entre finales de agosto y principios de septiembre comienza la siembra de invierno, con coles, brócoli, espinacas y lechugas. Mayo es el mes de mayor esplendor; el verano, debido al calor, es la estación más difícil, cuando tomates, berenjenas, pimientos, judías verdes, calabacines y pepinos, incluida una variedad de Apulia, llegan al final de su ciclo.
Los cítricos históricos y las mermeladas de las religiosas
Los cítricos de este rincón de tierra son árboles centenarios, de unos ciento cincuenta años, en los que con el paso del tiempo se han injertado distintas variedades, cada rama corresponde a un injerto diferente, algunas de ellas ya imposibles de encontrar en el mercado. Cultivados sin tratamiento alguno, pueden comerse incluso con la piel, las religiosas siguen elaborando con ellos mermeladas, pieles confitadas y galletas, que en parte ofrecen a sus huéspedes y en parte ponen a la venta.
A lo largo de los años, la producción de esta pequeña parcela también ha abastecido a instituciones caritativas como la Casa Dono di Maria, una colaboración que actualmente está comenzando a reactivarse con renovado impulso y compromiso.
Un cuidado que va más allá del huerto
Esta elección se inscribe en un horizonte más amplio. La Gobernación sitúa explícitamente el camino hacia un cultivo 100 % ecológico en la línea de Laudato si’ y Laudate Deum y, más recientemente, del Motu proprio Fratello Sole del Papa Francisco, un camino que hoy prosigue el Papa León XIV con la institución de la Fundación homónima para la planta agrivoltaica de Santa Maria di Galeria, piezas de un mismo compromiso con la sostenibilidad que hoy atraviesa todo el Estado.
Es el mismo “cuidado de la creación” al que se refirió el Papa León XIV en 2025, en un discurso dirigido a los agrónomos y profesionales forestales italianos, cuando los invitó a considerar su trabajo como “una forma concreta de caridad hacia nuestra Madre Tierra y hacia las generaciones futuras”, porque la Tierra “no es una posesión, sino un don”, y quien la cultiva “con respeto y sabiduría participa en la obra creadora de Dios”. Entre cuatro terrazas, un cuaderno de campo constantemente actualizado y un umbral de daño que debe mantenerse bajo control más que pretender eliminarse por completo, ese pequeño retazo de tierra junto al Mater Ecclesiae cuenta, a escala mínima, la misma historia, una innovación que no nace de la nada, sino que hunde sus raíces en una tradición agrícola que, en los Jardines Vaticanos, nunca llegó realmente a interrumpirse, hasta culminar hoy en la elección plenamente asumida de un cultivo 100 % ecológico.
