Los apóstoles Felipe y Santiago el Menor se conmemoran el mismo día porque sus reliquias fueron depositadas juntas en la Basílica de los Santos Doce Apóstoles, en Roma.
De Santiago, hijo de Alfeo, llamado “el Menor” por ser de menor estatura que el otro Santiago —el hijo de Zebedeo y hermano del evangelista san Juan—, sabemos muy poco. Lo cierto es que fue uno de los primeros discípulos de Jesús.
La tradición sostiene que era pariente de Jesús, quizás aquel primo al que hace referencia el evangelista san Mateo (Mt 13, 55).
San Martín de Porres nació en Lima, Perú, el 9 de diciembre de 1579 y fue bautizado en la iglesia de San Sebastián. Durante los primeros años de su vida vivió con su madre —una antigua esclava de origen africano— y con su hermana Juana en condiciones difíciles, a pesar de haber sido reconocido por su padre. Cuando Martín tenía unos ocho años, su padre, Juan de Porres, noble español, decidió finalmente ocuparse de su educación, llevando a sus hijos con él a Guayaquil, en el actual Ecuador, donde pudieron vivir en mejores condiciones.
Gerardo de Brogne se impuso como una figura carismática, estimada por las grandes familias de Lotaringia y de Flandes. Durante veinticinco años recorrió incansablemente estas tierras, renovando más de una docena de comunidades religiosas.
Es uno de los primeros cuatro Doctores de la Iglesia en Occidente, quien promovió la evangelización de Inglaterra y dictó las normas del canto sacro que de su nombre ha tomado denominación. Gregorio fue llamado con justicia Magno, pues sus obras y virtudes bien lo atestiguaron. Nacido en una noble y rica familia romana en torno al año 540, tuvo una buena formación cultural. Sus estudios abarcaron el derecho, la Biblia y las obras de los Padres de la Iglesia, en particular San Agustín.
Fraile dominico, gran asceta y firme impulsor de la Contrarreforma, San Pío V publicó el Catecismo y promulgó el Breviario y el Misal Romano —que desde entonces llevaron su nombre— aplicando fielmente los decretos del Concilio de Trento. Su nombre de nacimiento era Antonio Ghislieri, y fue elegido Papa en 1566.
Un contemplativo al servicio de la comunidad eclesial, comprometido con la promoción de reformas e iniciativas pastorales, fiel a la Regla benedictina y al Ora et labora. Así fue el cardenal Ildefonso Schuster, en el siglo Alfredo, nacido en Roma el 18 de enero de 1880, en el seno de una familia de origen bávaro. Siendo aún niño, perdió a su padre. Gracias a la ayuda de un noble, ingresó con solo once años como alumno en el monasterio benedictino de San Pablo Extramuros. Poco después decidió hacerse monje e inició el noviciado el 13 de noviembre de 1898, tomando el nombre de Ildefonso.
Félix I, romano de origen e hijo de un tal Constantino, gobernó la Iglesia como obispo de Roma entre los años 269 y 274. Es recordado por haber promovido la celebración de la Eucaristía sobre los lugares donde reposaban las reliquias de los mártires cristianos y por haber defendido con firmeza la fe en la Trinidad y en la Encarnación de Cristo.
Santa Martina, venerada como virgen y mártir, vivió en Roma en el siglo III y pertenecía a una familia patricia. Según la tradición, fue perseguida durante el reinado de Alejandro Severo a causa de su fe cristiana.
San Pedro Crisólogo nació probablemente en Forum Cornelii (la actual Imola), hacia el año 380. Fue iniciado en la fe cristiana y ordenado diácono por el obispo Cornelio de Imola. Entre los años 424 y 429, fue nombrado obispo de Rávena por Sixto III, en un momento en que Rávena, desde el año 404, era la sede del emperador del Imperio romano de Occidente. Fue el primer obispo metropolitano de Rávena que no procedía del Oriente.
La memoria de los primeros mártires de la Iglesia de Roma se celebra inmediatamente después de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Esta conmemoración ha estado siempre vinculada al lugar donde se hallaba el circo construido por el emperador Calígula, más tarde conocido como el Circo de Nerón. Se encontraba en los jardines de Agripina —madre de Calígula—, en la vertiente meridional de la colina vaticana, desde donde partían las vías Aurelia, Cornelia y Triumphalis.
Una existencia al servicio de la juventud pobre y abandonada, con el fin de transmitir la fe y hacer experimentar la caridad cristiana: tal fue la vida de san Leonardo Murialdo, nacido en Turín el 26 de octubre de 1828, en el seno de una familia sencilla.
Una mujer “fuerte” que, movida por el soplo del Espíritu, obedeció la voz del Señor que la llamaba a liberar a su pueblo y a devolver la confianza en Él a los que vivían en la desolación. Laica, consagrada en la virginidad pero fuera de un claustro, Juana de Arco se vio inmersa en los conflictos más dramáticos de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Murió trágicamente, condenada como hereje en un proceso farsa de intención puramente política, cuyo desenlace —la hoguera en la plaza del viejo mercado de Ruan— estaba escrito incluso antes de comenzar.
Los Evangelios presentan a Andrés, hermano de Simón Pedro, como uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que siguieron a Jesús desde el principio (Jn 1, 35-39). Nació en Betsaida, en Galilea, a orillas del lago de Tiberíades. Al igual que su hermano Simón (Pedro), era pescador. En su búsqueda de Dios, había sido discípulo del predicador Juan el Bautista, quien probablemente lo había bautizado. Cuando Juan el Bautista señaló a Jesús como “el Cordero de Dios” (Jn 1, 29-40) junto al río Jordán, Andrés lo siguió de inmediato y no se separó más de Él.
Germán fue nombrado obispo de Capua hacia el año 519, aunque antes de esa fecha su figura permanece envuelta en la penumbra. Las únicas noticias sobre sus orígenes proceden de una fuente hagiográfica del siglo IX, considerada tardía y de escasa fiabilidad. Según esta narración, Germán nació en Capua entre los años 470 y 480, de padres pertenecientes a la alta sociedad, Amanzio y Juliana. Tras la muerte de su padre, decidió —con el consentimiento de su madre— vender los bienes familiares para dedicarse por entero a la vida ascética y al estudio de las Escrituras. A la muerte del obispo Alejandro, la comunidad capuana lo eligió como sucesor, y sólo después de insistentes ruegos aceptó el encargo.
No temió amenazas ni torturas con tal de rescatar a los cristianos encarcelados, que corrían el riesgo de perder la fe. Fue un valiente fraile de la Orden de la Merced, san Ramón, llamado “Nonato” —es decir, “no nacido”—, sobrenombre que recibió al haber venido al mundo mediante cesárea tras la muerte de su madre. Nació en Portell, en Cataluña, en 1204, en el seno de una familia noble. Al principio, su padre le permitió dedicarse a los estudios, pero más tarde lo envió bruscamente a trabajar en el camp...
De San Silvestre no poseemos datos históricamente seguros hasta el momento de su elección a la cátedra de Pedro en el año 314, cuando sucedió al Papa Milcíades. Según el Liber Pontificalis, era hijo de un tal Rufino, ciudadano romano. Algunas tradiciones afirman que ya había profesado abiertamente la fe cristiana bajo el emperador Diocleciano, circunstancia que pudo haber favorecido su elección como pastor de la comunidad cristiana de Roma.
«¡Nunca olvidéis estas tres cosas: devoción al Santísimo Sacramento, devoción a María Auxiliadora y devoción al Santo Padre!». Con estas palabras, Don Juan Bosco solía exhortar a sus compañeros en sus últimos años.
San Ignacio de Loyola nació en 1491 en la Casa Torre de Loyola, en el País Vasco, España. Su nombre original era Íñigo, y era el hijo menor de una familia numerosa, con trece hermanos.
Se sabe poco sobre Santa Balbina, cuyos restos reposan en la basílica romana que lleva su nombre, construida en su honor en el siglo IV, en el pequeño Aventino, en el barrio de San Saba.
Analfabeto, sencillo y humilde fraile de san Francisco, pedía limosna a los ricos para distribuirla entre los pobres. Así, durante cuarenta años recorrió las calles de su ciudad anunciando el Evangelio con la palabra y el ejemplo.
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