Conocido como el Apóstol de los germanos, está considerado uno de los misioneros anglosajones más importantes, y quien llevó de forma estable el cristianismo a las tierras germánicas.
San Virgilio nació en Borgoña en el siglo VI. Fue abad del monasterio de San Sinforiano de Autun hasta que, en el año 588, fue nombrado obispo de Arlés.
Todo aquello que el mundo considera desgracia y fracaso se encuentra condensado en la breve vida de este joven que murió con tan solo 19 años. Huérfano, pobre, explotado en el trabajo, enfermo crónico, marginado… encontró su plenitud en seguir a Cristo crucificado. Es Nunzio Sulprizio, quien descubrió en el amor de Dios el sentido de su vida. Una existencia miserable desde una perspectiva humana, pero rica en santidad.
Sus dos expresiones más célebres - «In Omnibus Christus» y «Caritas Christi urget nos» - resumen el núcleo de la obra y de la espiritualidad de Monseñor Guido María Conforti. Fue una figura destacada en el renacimiento del impulso misionero de la Iglesia entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Conocida como Apóstol de la Divina Misericordia y Maestra de vida interior, Santa Faustina Kowalska es una de las figuras espirituales más relevantes del siglo XX, amada en todo el mundo por la hondura mística de su experiencia y por su misión en la historia de la Iglesia. Nació el 25 de agosto de 1905 en la aldea polaca de Głogowiec, tercera de diez hijos de una humilde familia de campesinos, Marianna y Stanisław Kowalski.
“Dios sigue amando al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión hacia los pobres”: con estas palabras, Santa Madre Teresa de Calcuta exhortaba a todos los que se cruzaban en su camino, invitándolos a participar en la caridad hacia los más necesitados. Estaba profundamente convencida de que, al servir a los más pobres entre los pobres, no se debía actuar meramente como asistentes sociales, sino como hermanos que buscan a otros hermanos. Pues su caridad no era una simple filantropía, sino una caridad vivificada por la fe. Para ella, la urgencia no solo radicaba en liberar a las personas de la miseria material, sino también en transmitirles el mensaje sublime de que Dios es Amor, un amor que se encarna en la atención y el cuidado hacia su sufrimiento. Su pensamiento, en este sentido, era muy claro: "Dios se ha identificado con el hambriento, el enfermo, el desnudo, el que no tiene hogar; hambre no solo de pan, sino también de amor, de cuidados, de reconocimiento por parte de alguien; desnudez no solo de ropas, sino también de esa compasión que pocos sienten hacia quienes no conocen; falta de techo no solo por carecer de refugio material, sino por no tener a nadie a quien llamar próximo".
La fiesta de la Transfiguración del Señor conmemora el episodio en el que Jesús, en el monte Tabor, se transfiguró ante los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, revelando su gloria divina como Hijo amado del Padre. En aquella ocasión se aparecieron junto a Él Moisés y Elías, símbolos de la Ley y de los Profetas, confirmando así su misión salvífica.
Nicolás de Mira, más conocido como Nicolás de Bari, fue un obispo nacido en Patara, Licia (actual Turquía), alrededor del año 270 d.C.. Es un santo que une a la mayoría de las Iglesias y confesiones cristianas, venerado tanto en Oriente como en Occidente. Su festividad se celebra el 6 de diciembre, día de su muerte, y el 9 de mayo, en conmemoración de la traslación de sus reliquias a Bari.
La solemnidad de la Epifanía representa una de las celebraciones más antiguas del cristianismo. Ya en los primeros siglos de la Iglesia, era vivida como el momento en el que Cristo se hace visible al mundo. Si la Navidad se asocia tradicionalmente a la alegría por el nacimiento del Señor, esperado y preparado durante el tiempo de Adviento, también la Epifanía expresa esa misma alegría, ampliando su significado. Durante mucho tiempo, hasta el siglo IV, el 6 de enero fue la fecha principal en la que los creyentes celebraban la entrada del Salvador en la historia humana. Lejos de sustituir a la Navidad, la Epifanía la completa: es el momento en que Cristo se manifiesta abiertamente, revelándose a todos los pueblos.
San Pablo Miki y sus compañeros son testigos luminosos de una fe vivida sin concesiones, tanto en la alegría como en el sufrimiento. Pablo nació en 1556 en las proximidades de Kioto, en Japón, en el seno de una familia de la aristocracia japonesa.
Mártir de la fe a los doce años y por haber querido conservar su pureza, frente a los repetidos avances de un joven que, finalmente, cegado por la pasión, la mató. Pero antes de morir, María Goretti perdonó a su agresor y afirmó que lo quería con ella en el Paraíso.
La conversión de san Norberto de Xanten fue instantánea. Tenía unos 35 años cuando fue derribado de su caballo y estuvo a punto de morir. En aquel momento, sintió en su interior las palabras del salmo: «Apártate del mal y haz el bien» (Sal 34,15). Interpretó este suceso como una llamada divina y decidió cambiar radicalmente de vida. Comenzó entonces a llevar una existencia marcada por la penitencia: caminaba descalzo, vestía toscas prendas de lana y recorría diversas regiones predicando.
Rosa nació en Viterbo en 1233, en el seno de una familia de humildes condiciones. En aquel tiempo, la ciudad era escenario de enfrentamientos entre güelfos y gibelinos, ya que el emperador Federico II pretendía sustraerla de la influencia papal. Sus padres, Catalina y Juan, la educaron en la fe, atraídos por el carisma de San Francisco de Asís.
Leonardo nació a finales del siglo V en un castillo cercano a Orleans, en la actual Francia. Su familia, vinculada a la corte de los francos, tenía antiguas raíces y probablemente origen romano. Recibió el bautismo solemne de manos de san Remigio, obispo de Reims, quien se convirtió en una figura espiritual decisiva en su vida. Clodoveo, rey de los francos, fue su padrino y le concedió el privilegio de liberar a los prisioneros que considerara inocentes; Leonardo utilizó este don para socorrer a muchas personas oprimidas.
Permanece aún hoy como modelo de vida contemplativa, de silencio fecundo y de auténtico desapego del mundo. Su obra espiritual dejó una huella duradera en la historia del monacato occidental. Se trata de Bruno, nacido hacia 1030 en Colonia, Alemania, en el seno de una familia noble.
San Zacarías, que vivió en el siglo VI a.C. en Galaad (Jordania), es uno de los profetas menores del Antiguo Testamento. Su nombre significa «Dios se acuerda». Perteneciente a la tribu de Leví, recibió la llamada al ministerio profético del profeta Ageo.
Es invocado como el Santo de la Providencia por su inquebrantable confianza en Dios. Se dirigía al Señor en todas sus obras y, incluso cuando las necesidades eran muchas, siempre lograba encontrar los recursos para ayudar a los pobres y necesitados.
Desplegó una intensísima actividad pastoral, sin descuidar la asidua frecuentación de la Escritura. Es San Ambrosio, nacido en el año 339 en Tréveris, en el seno de una familia romana ya arraigada en la fe cristiana; su padre desempeñaba entonces el prestigioso cargo de prefecto del pretorio de la Galia. A la muerte del progenitor, la familia regresó a Roma, donde el joven completó su formación jurídica y retórica. Gracias a sus competencias, ingresó en la administración imperial: primero como abogado en la prefectura del pretorio de Sirmio (en la actual Bosnia) y, posteriormente, como consularis de la región Emilia-Liguria, gobernada desde Milán.
Cofundador de la Orden de los Mercedarios y Maestro General de los Dominicos, San Raimundo de Peñafort fue, sobre todo, un célebre experto en derecho canónico. Nació entre 1175 y 1185 en Villafranca del Panadés y estudió en la Catedral de Barcelona, donde posteriormente enseñó retórica y lógica.
Elegido a la edad de tan solo 54 años, Pío IX ostenta el récord del pontificado más largo de la historia, con 32 años, superando incluso la duración tradicionalmente atribuida a San Pedro. Sirvió a la Iglesia con gran celo, imitando al Buen Pastor.
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