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6 de enero: Epifanía del Señor

Luz para iluminar a las gentes

La solemnidad de la Epifanía representa una de las celebraciones más antiguas del cristianismo. Ya en los primeros siglos de la Iglesia, era vivida como el momento en el que Cristo se hace visible al mundo. Si la Navidad se asocia tradicionalmente a la alegría por el nacimiento del Señor, esperado y preparado durante el tiempo de Adviento, también la Epifanía expresa esa misma alegría, ampliando su significado. Durante mucho tiempo, hasta el siglo IV, el 6 de enero fue la fecha principal en la que los creyentes celebraban la entrada del Salvador en la historia humana. Lejos de sustituir a la Navidad, la Epifanía la completa: es el momento en que Cristo se manifiesta abiertamente, revelándose a todos los pueblos.

En la liturgia de la Epifanía, la Iglesia medita sobre tres momentos fundamentales de la vida de Jesús. En la tradición católica se pone especialmente el acento en la visita y la adoración de los Magos, sin descuidar otros acontecimientos centrales que son recordados de manera particular en las Iglesias orientales: el bautismo de Jesús en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná. Estos episodios son evocadores también en los textos litúrgicos propios de la fiesta, que los unen en una única contemplación del misterio de Cristo.

Mientras la Navidad anuncia la venida del Salvador entre los hombres, la Epifanía celebra el vínculo profundo que une a la humanidad con Él. No se trata únicamente de un recuerdo histórico, sino de un “hoy” que trasciende el tiempo, un presente eterno en el que se cumple el designio divino. En este día, Cristo se revela en su realeza y en su santidad, invitando a todos a participar de la plenitud de su alegría.

A través de la Epifanía, la Iglesia acoge y contempla el misterio íntegro de Cristo: Rey supremo, verdadero hombre y verdadero Dios. Aunque al inicio de su vida terrena este misterio aún no se manifestara plenamente, el plan de salvación ya estaba en marcha. No en vano, durante esta celebración se anuncian las fechas de la Pascua y de las principales fiestas a ella vinculadas, subrayando la unidad del año litúrgico, que converge en la Resurrección. La estrella que guía a los Magos se convierte así en símbolo de la luz pascual: un anticipo de la victoria de la vida sobre la muerte y del advenimiento de Cristo, Señor del universo.

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