14 de enero: San Félix de Nola, presbítero
Se entregó sin reservas a la caridad
Ejemplo de fidelidad, humildad y testimonio cristiano vivido hasta sus últimas consecuencias, aunque sin el martirio de la sangre. La figura de Félix de Nola nos es conocida casi exclusivamente gracias a los poemas de San Paulino de Nola, quien, entre finales del siglo IV y comienzos del V, puso por escrito tradiciones orales todavía vivas en el territorio nolano. Estos carmina constituyen el testimonio histórico más antiguo sobre la vida del santo, cuya memoria permaneció profundamente arraigada en el cristianismo del sur de Italia.
Félix nació en Nola en la segunda mitad del siglo III, en el seno de una familia acomodada: su padre, de origen oriental, se había establecido en Italia por motivos laborales. Desde joven, Félix abrazó la vida eclesiástica, recibió la ordenación sacerdotal y se convirtió en estrecho colaborador del obispo Máximo, quien apreciaba profundamente su fidelidad y lo señalaba como posible sucesor.
Durante las persecuciones contra los cristianos, Máximo se vio obligado a abandonar la ciudad y a ocultarse en un lugar apartado, dejando a Félix al frente de la comunidad. Sin embargo, también él fue arrestado y sometido a duras torturas. Según la tradición, su liberación se produjo de manera prodigiosa: un ángel lo habría liberado de la prisión y conducido hasta el obispo Máximo, ya gravemente enfermo. Félix cuidó de él y lo llevó de regreso a Nola, confiándolo a la asistencia de una anciana cristiana.
La tregua fue breve. Con una nueva oleada de persecuciones, Félix tuvo que sustraerse nuevamente a la captura. Permaneció oculto durante unos seis meses en el interior de una cisterna ya seca, sobreviviendo gracias a la ayuda discreta de una mujer devota. Solo con la paz constantiniana del año 313 pudo regresar libremente a la ciudad. A la muerte del obispo Máximo, la comunidad propuso a Félix como su sucesor, pero él rechazó el cargo por profunda humildad, favoreciendo la elección de otro presbítero, Quinto.
Desde entonces eligió un estilo de vida radicalmente pobre: renunció a recuperar los bienes que le habían sido confiscados y pasó el resto de sus días trabajando con sus propias manos y dedicándose sin reservas a la caridad y al servicio de los demás. No se conoce con certeza la fecha de su muerte, ocurrida probablemente poco después del año 313.
Aunque no fue ejecutado, Félix fue pronto venerado como mártir, en razón de los sufrimientos soportados con fe y serenidad. Fue sepultado en la necrópolis de Cimitile, cerca de Nola, uno de los complejos paleocristianos más importantes del sur de Italia. Su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y fue considerada lugar de especial eficacia contra el falso testimonio, hasta el punto de ser llamada Ara Veritatis. A él san Paulino de Nola dedicó nada menos que catorce carmina, contribuyendo de manera decisiva a la difusión y permanencia de su culto. Su memoria litúrgica se celebra el 14 de enero.
