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9 de febrero: Santa Apolonia, mártir

Una fe más fuerte que el fuego

La historia de Apolonia se conoce gracias al testimonio indirecto transmitido por Eusebio de Cesarea, que vivió entre los siglos III y IV. En su obra hace referencia a una carta escrita por el obispo Dionisio de Alejandría y dirigida a Fabio, obispo de Antioquía. En ese texto se describen con detalle los hechos sufridos por Apolonia, de los cuales el autor afirma haber sido testigo directo.

Durante el reinado del emperador Decio, en Alejandría de Egipto se desencadenó una violenta represión contra los cristianos. Un adivino pagano, movido por el odio y el fanatismo, avivando la superstición, incitó a la población contra ellos. La multitud, fuera de control, se lanzó contra los cristianos: algunos fueron azotados, otros mutilados y después expulsados de la ciudad.

En aquel tiempo vivía en Alejandría de Egipto una mujer anciana, Apolonia, que se distinguía por su vida irreprochable. Cuando la furia popular se abatió sobre las casas de los cristianos, destruyéndolo todo, Apolonia fue arrastrada ante los jueces. No renegó de su fe y aceptó afrontar las torturas, ofreciendo su vida a Dios.

Los perseguidores comenzaron por romperle los dientes; luego prepararon una gran hoguera, amenazándola con darle muerte entre las llamas si no renegaba de su fe. Pero cuando el fuego fue encendido, Apolonia, tras un breve momento de recogimiento, logró liberarse y se arrojó voluntariamente a la pira para no perder la castidad ni cometer pecado. Corría aproximadamente el año 249.

Es venerada como santa también por la Iglesia Ortodoxa y es patrona de los dentistas, de los higienistas dentales y de los protésicos dentales.

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