1 de junio: San Aníbal María Di Francia
La invitación al “Rogate” por las vocaciones
“Rogate”, el descubrimiento de la necesidad de la oración por las vocaciones, según el Evangelio: “La mies es abundante, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38; Lc 10,2), constituye la esencia del carisma de San Aníbal María Di Francia. La muerte prematura de su padre despertó también en él una especial ternura y un profundo amor hacia los huérfanos.
Aníbal María Di Francia nació en Mesina el 5 de julio de 1851, hijo de la noble Anna Toscano y de Francesco Di Francia, marqués de Santa Caterina dello Ionio y vicecónsul pontificio. A los quince años quedó huérfano de padre.
Sintiendo la llamada del Señor a seguirle más de cerca, fue ordenado sacerdote el 16 de marzo de 1878. Algunos meses antes, el encuentro con un mendigo casi ciego le hizo descubrir el drama de quienes vivían en la miseria en el barrio periférico de Avignone, en Mesina.
Con el consentimiento del arzobispo, decidió trasladarse a vivir a aquella zona marcada por la degradación y la pobreza para salir al encuentro de tantos necesitados. No faltaron incomprensiones y hostilidades, pero nada logró apartarlo de su celo apostólico y de su deseo de ofrecer esperanza, poniendo en práctica su principio de la “doble caridad”, la evangelización y el socorro de los pobres.
En 1882 abrió los primeros orfanatos antonianos, llamados así por estar bajo la protección de san Antonio de Padua. Con estas instituciones pretendía ofrecer no solo ayuda material, sino también una educación cristiana integral. Los huérfanos encontraban allí una verdadera familia, donde eran acogidos y preparados para afrontar el futuro.
Pronto se reunió en torno a él un grupo de hombres y mujeres deseosos de compartir sus ideales. Así fundó, en 1887, la Congregación de las Hijas del Divino Celo y, en 1897, la de los Rogacionistas. Quiso que los miembros de ambos institutos vivieran el “Rogate” mediante un cuarto voto específico.
Trabajó intensamente para difundir la oración por las vocaciones y mantuvo relaciones epistolares y personales con diversos Pontífices. Instituyó también la Sagrada Alianza para el clero y la Pía Unión de la Rogación Evangélica para todos los fieles.
El arzobispo de Mesina le confió además la formación de los seminaristas, a quienes exhortaba a cultivar la oración y la vida espiritual. Asimismo, se dedicó al acompañamiento de sacerdotes en dificultad y de comunidades contemplativas.
Murió en Mesina el 1 de junio de 1927 y fue sepultado en el Templo de la Rogación Evangélica, construido por él mismo. San Juan Pablo II lo beatificó el 7 de octubre de 1990 y lo canonizó el 16 de mayo de 2004.
