3 de agosto: Santa Lidia
La primera discípula de San Pablo
Lidia es una santa cuyo nombre no figura en ningún martirologio oficial, pero que encontramos en una célebre página de los Hechos de los Apóstoles, escrita por el evangelista san Lucas.
Lidia es una santa cuyo nombre no figura en ningún martirologio oficial, pero que encontramos en una célebre página de los Hechos de los Apóstoles, escrita por el evangelista san Lucas.
Pierre-Julien Eymard nació el 4 de febrero de 1811 en La Mure (Isère), en el seno de una familia cristiana y modesta. Desde joven mostró una profunda devoción al Santísimo Sacramento y deseaba ser sacerdote, pero su padre se opuso inicialmente. Encontró consuelo espiritual en Notre-Dame du Laus y, mientras trabajaba en el taller paterno, estudiaba latín en secreto. Tras la muerte de su padre en 1831, ingresó en el seminario de Grenoble y fue ordenado sacerdote en 1834.
Llevar el anuncio de la Palabra de Dios “a los más abandonados y carentes de auxilio espiritual” fue la misión y el carisma de san Alfonso María de Ligorio. Hombre de vasta cultura humanística, jurídica, teológica y filosófica, fue un ferviente laico antes de ordenarse sacerdote. Se entregó con pasión a la reforma religiosa, moral y civil del pueblo napolitano. Fue misionero, fundador, obispo, autor y artista polifacético —es también el autor del célebre villancico Tu scendi dalle stelle
San Ignacio de Loyola nació en 1491 en la Casa Torre de Loyola, en el País Vasco, España. Su nombre original era Íñigo, y era el hijo menor de una familia numerosa, con trece hermanos.
San Pedro Crisólogo nació probablemente en Forum Cornelii (la actual Imola), hacia el año 380. Fue iniciado en la fe cristiana y ordenado diácono por el obispo Cornelio de Imola. Entre los años 424 y 429, fue nombrado obispo de Rávena por Sixto III, en un momento en que Rávena, desde el año 404, era la sede del emperador del Imperio romano de Occidente. Fue el primer obispo metropolitano de Rávena que no procedía del Oriente.
Marta, María y Lázaro eran hermanos. Cuando hospedaron al Señor en Betania, Marta lo sirvió con esmero y María lo escuchó con devoción; con sus oraciones pidieron la resurrección de su hermano.