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Santo del día

Santo del día

5 de junio: San Bonifacio, Obispo y mártir

El Apóstol de los germanos

Conocido como el Apóstol de los germanos, está considerado uno de los misioneros anglosajones más importantes, y quien llevó de forma estable el cristianismo a las tierras germánicas.

4 de junio: San Francisco Caracciolo

El santo de la Eucaristía

San Francisco Caracciolo es considerado uno de los grandes promotores de la adoración perpetua al Santísimo Sacramento y uno de los santos eucarísticos por excelencia.

3 de junio: San Juan Grande

Enteramente entregado a los enfermos y a los pobres

Se hacía llamar “Juan Pecador”, recogía a los enfermos abandonados, pedía limosna para los pobres y murió ejerciendo la caridad entre los apestados, de quienes contrajo la enfermedad. Es san Juan Grande, nacido en Carmona, Sevilla, España, el 6 de marzo de 1546. Su padre, que era herrero, murió cuando él tenía once años, y su madre, Isabel, volvió a casarse.

2 de junio: San Erasmo, obispo

Mártir de Cristo

Las noticias sobre la vida de san Erasmo son escasas y proceden principalmente de una Passio del siglo VI. Se desconoce la fecha de su nacimiento. La tradición lo presenta como obispo de Antioquía. Cuando estallaron las persecuciones contra los cristianos, permaneció oculto durante siete años en una cueva. Descubierto y arrestado por negarse a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, fue encarcelado.

1 de junio: San Aníbal María Di Francia

La invitación al “Rogate” por las vocaciones

“Rogate”, el descubrimiento de la necesidad de la oración por las vocaciones, según el Evangelio: “La mies es abundante, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38; Lc 10,2), constituye la esencia del carisma de San Aníbal María Di Francia. La muerte prematura de su padre despertó también en él una especial ternura y un profundo amor hacia los huérfanos.

31 de mayo: San Félix de Nicosia

El humilde fraile que pedía limosna para los pobres

Analfabeto, sencillo y humilde fraile de san Francisco, pedía limosna a los ricos para distribuirla entre los pobres. Así, durante cuarenta años recorrió las calles de su ciudad anunciando el Evangelio con la palabra y el ejemplo.

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